Laura en Oporto
lauram_banner.jpg¡Hola! Me llamo Laura y hoy os traigo mi experiencia Erasmus en la bonita ciudad de Oporto. No sé por donde empezar, han ocurrido tantas cosas en tan poco tiempo... Han sido dos meses y medio tan intensos que realmente siento que yo he vivido allí por años.

Encontré un piso de estudiantes a las afueras de la ciudad, en la zona de Maia. Un barrio tranquilo con todos los establecimientos de primera necesidad a mi alcance. Como cualquier estudiante Erasmus (y más si eres de las mías, que nunca habías salido más allá de la ciudad en la que vives y mucho menos sola) comencé mi viaje con enormes nervios, mucho miedo, mucha inseguridad, con ganas de volver a mi casa y con una única pregunta en mi cabeza: “¿Qué estoy haciendo aquí?” (solo la primera semana, después ya me sentí como en casa).

También sentí muchísima emoción y muchas expectativas esperando ser cumplidas. Tuve la suerte de que mis padres me acompañaron en mi viaje llevándome en coche y que otra estudiante de la Escuela vivía en la misma casa. En la experiencia Erasmus cada día es nuevo, emocionante y a veces no sabes distinguir entre sueño y realidad... al menos eso me ocurrió a mí. Gracias a la Escuela de Arte he vivido un increíble sueño que tenía pendiente desde hacía MUCHO. ¡Comenzamos la aventura! 

Desconocidos que se convirtieron en mi familia

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Aquí podría hablar largo y tendido porque sinceramente ha sido la mejor parte de mi experiencia, donde mis compañeros son los protagonistas, aquellas personas maravillosas con las que he compartido todo: comida, sofá, cerveja, sonrisas, lágrimas, inseguridades, secretos, vivencias, abrazos curativos, sueños, risas (muchas, muchas risas), más cerveja; noches de desenfreno sin poner un solo pie en el centro (y la única vez que lo pusimos... meu Deus) ; mañanas de chapreto, una bandeja de frango rodando por el suelo, los cubos de basura cobrando vida, madrugadas de películas cada cual peor que la anterior; series de Netflix tan extravagantes como buenas; Superdrags, el tornado que en vez de miedo nos dio risa; tardes jugando al Uno con Caipira y Deu Onda, reuniones familiares en la sala (con más cerveja, por supuesto); el “fantasma” de la casa (los plomos, que por cierto, están en mi habitación); una rosa abandonada en el sofá de la discoteca, “Tátudobem, Tu também 'tátudobem, Vamos ver si tu 'tábem”; noches de conversaciones….

Toda la casa está habitada por brasileños. Dos estudiantes de mi edad y un par de matrimonios jóvenes con un travieso bebé y una encantadora perrita de la que me he enamorado. También tuve mucho trato con la casera y su familia que siempre están pendientes de que todos estemos a gusto. Todos y cada uno de ellos amables y comprensivos desde el primer día, haciendo de mi estancia mi casa.

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Independencia

Uno de los puntos fuertes de la experiencia: aprender a hacerlo todo tu solita sin la supervisión de tus padres, sobretodo si estás muy sobreprotegida esto te va a venir de lujo porque al final vas a sentirte súper orgullosa y tu familia también.

Como mejor aprendí fue equivocándome sin presión y enfrentándome a los nuevos desafíos día a día... ¡No resultó ser tan difícil! Os lo digo yo que no estaba acostumbrada a poder organizar mi vida a mi manera.

Clima

Buenísimo. No recuerdo demasiados días de lluvia o frío hasta finales de noviembre, pero igual un día me levantaba después de una noche fría y el cielo estaba totalmente azul y despejado, igual que en primavera o verano.

Nos pasábamos los días de sol en el patio disfrutando de nuestras fiestas y reuniones junto a la casera y su familia que nunca decían “no” a una fiesta.

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La ciudad

Oporto es una ciudad preciosa con un montón de lugares por visitar donde disfrutar de unas vistas asombrosas. Mis zonas favoritas son sin duda Ribera y Vila Nova de Gaia, que está al otro lado del puente y está a las orillas del río Duero. Durante el atardecer está hermoso y durante la noche hay mucho ambiente, sobre todo si es fin de semana. Tienen una noria enorme, el teleférico, un montón de terrazas y bares; también puestos de comida y pequeñas tiendas de regalos.

El centro de la ciudad es también muy bonito. La zona de la Torre de los clérigos y la Librería Lello es mi favorita; muchas veces yo tomaba el sol sobre aquel mullido campo verdoso.

La ciudad es muy turística, grande, pero fácil de recorrer una vez te adaptas a coger el metro y los autobuses urbanos. También puedes disfrutar de un bonito paseo en tranvía.

La zona comercial de Santa Catarina está muy bien. Hay un montón de tiendas y cafeterías de todo tipo para pasar la tarde. Los Aliados es lo mejor para salir por la noche a unos precios similares a los de España, y con unas discotecas de dos plantas muy chulas, perfectas para “liarla parda”. Durante la época navideña pude presenciar el precioso encendido oficial de las luces que se celebró en el ya nombrado Aliados.